
La autoestima no es constante a lo largo de la vida y depende de la capacidad de desarrollar una confianza y respeto saludable por uno mismo, basada en gran medida en la relación que tenemos con los demás. Cuando una persona es agredida física o mentalmente de forma sistemática la autoestima se resiente y puede alcanzar un nivel inferior al teóricamente natural. Ello puede deberse en parte a la influencia negativa de otras personas, al auto-castigo por haber faltado a los valores propios o los del grupo social, o debido a un déficit de comprensión o compasión por las acciones que uno realiza en el entorno cercano.