
Un subtipo crónico de esta forma de estrés ha sido estudiado de forma exhaustiva y es lo que se ha dado en denominar en psicología “abuso narcisista o relación tóxica”. Está documentado que las víctimas de un abuso psicológico sostenido por un maltrato sistemático desarrollan un daño cerebral orgánico subagudo. Según estudios recientes como “The Biological Effects of Childhood Trauma” de Michael D. De Bellis, el abuso físico y psicológico continuado puede dejar huellas emocionales severas que se traducen en cambios cerebrales persistentes. Entre las alteraciones se ha observado un incremento del nivel de catecolaminas, una elevación del sistema del cortisol, y un adelgazamiento del hipocampo.
Este hallazgo no es nuevo, porque la reducción del grosor del hipocampo guarda relación con una inflamación inespecífica que aparece en muchas enfermedades cerebrales entre las que figura la depresión crónica. Otras localizaciones cerebrales como la amígdala o el córtex prefrontal también se ven afectadas en mayor o menor medida. Mientras que la amígdala sufre una hiperactivación extrema que acentúa el estado de alerta, el córtex frontal se empequeñece como ha comprobado el equipo de investigadores de la División de Neurociencias de la Universidad Pablo de Olavide (Journal of Neuroscience).
DR MIGUEL PONCE, PSIQUIATRA
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