
La palabra paciencia proviene del latín “pati”, que significa sufrir. Consiste en la actitud que ayuda al ser humano a soportar contratiempos y dificultades para conseguir un objetivo. Pero, la paciencia es una virtud que no es lo suficientemente valorada en nuestros días. Vivimos en una cultura donde prima la urgencia y la adquisición de lo inmediato, habiendo olvidado que saber esperar resulta tremendamente eficaz. Ser paciente no es algo innato, requiere mucho entrenamiento y de hecho, es una virtud habitual en ciertas personas mayores que han aprendido a vivir mejor gracias a ella. Saber esperar el momento óptimo es una estrategia que diferencia con frecuencia el éxito del desastre, de modo que saber esperar suele ser determinante. Además, la espera sirve para mejorar las decisiones y conduce a un menor remordimiento cuando fallamos. Esperar ayuda a elegir mejor y entender más profundamente nuestras necesidades, si es que hemos madurado la decisión lo suficiente. En cualquier caso, la espera suele ser rentable porque la gratificación inmediata no suele provocar un bienestar duradero.